martes, 8 de mayo de 2012

¿Cómo valora usted su SIG?


Ya hace bastantes años que en el campo de la gestión de la Calidad, el Medio Ambiente y la Prevención de Riesgos Laborales se impone la idea de los Sistemas Integrados de Gestión (SIG). Su lógica es aplastante: dado que son aspectos de una organización que presentan un alto grado de similitud en su gestión:

·        aproximación preventiva
·        planificación
·        evaluación inicial
·        normas y procedimientos
·        sistemas de medición
·        mejora continua,…

pueden gestionarse mediante un solo sistema que integre las peculiaridades de cada uno.

Y, en general, se ha observado en las organizaciones (dependiendo de su tamaño y sector de actividad) una evolución en las siguientes fases:

1)     Sistemas de gestión de la calidad (SGC) basados en ISO 9001 (y sus derivados sectoriales como ISO/TS 16949, 22000,…).
2)      Integración de los SGC con sistemas de gestión ambiental (SGA) basados en ISO 14001.
3)   Integración de los SGC y SGA con sistemas de gestión de la prevención de riesgos laborales basados en OSHAS 18001.

No obstante, sigue persistiendo en la “vox populi” empresarial una visión de los SGI (sea cual sea la fase de integración en que se hallen) según la cual dichos sistemas son un “mal necesario”, que se han tenido que implantar debido a exigencias de los clientes o las autoridades. Dicha visión se traduce en una falta de integración real de los mismos en la gestión estratégica de la organización (frecuentemente sus objetivos y programas están desligados de los “business plans” de las empresas), lo cual no hace más que reforzar la idea de su bajo valor añadido.

Estimado gerente, si su organización tiene implantado un SIG le invito a que de cuando en cuando se plantee preguntas como las siguientes:

  • ¿En cuántas ocasiones el hecho de disponer de un SIG (certificado o no) la ha ayudado a conseguir nuevos clientes, nuevos proyectos, concesión de autorizaciones administrativas, etc?

  • ¿Qué volumen de recursos de su organización (especialmente personas) tiene asignados EN EXCLUSIVA a la gestión del SIG (elaboración de documentos, auditoría, inspección, …).

  • ¿Existen áreas de su organización (p.ej, finanzas) que se consideran “fuera” del ámbito del SIG?

  • ¿En cuántas ocasiones su SIG le ha ayudado a identificar a tiempo problemas que habrían frustrado el lanzamiento de un nuevo producto, proceso, proyecto…?

  • ¿Hasta qué punto el SIG le ha ayudado a anticipar cambios en las necesidades de los clientes, exigencias legales, cambios en el entorno,…?

  • ¿En qué medida los mecanismos de mejora de los SIG (acciones correctoras, investigación de accidentes, auditorías,…) le han ayudado a optimizar sus procesos de gestión?

No puedo extenderme más en este artículo (en realidad, el tema daría para un libro, por lo menos), pero sí quisiera finalizar sugiriéndole, querido gerente, que si tiene usted dudas razonables o falta de respuesta clara en uno o más de las preguntas que le he planteado, no dude en buscarse un buen consultor que le “afine” el sistema. No están los tiempos para despilfarros.

domingo, 15 de enero de 2012

Los líderes también meten la pata

Hace poco leí un artículo sobre los graves problemas de calidad que ha experimentado TOYOTA en el mercado norteamericano, donde el año 2010 se tuvieron que llamar a revisión más de dos millones de vehículos debido a fallos de calidad graves que afectaron a la seguridad de sus vehículos, e incluso estaban relacionados con accidentes graves. Dichos problemas han afectado sensiblemente a las ventas de la empresa y (aún peor) a su imagen de marca ¿Qué le ha ocurrido a TOYOTA, el paradigma de la Calidad y la Productividad?

Al parecer, en los últimos años, la dirección de TOYOTA planteó una estrategia de expansión mundial muy agresiva. Esto conllevó la necesidad de ampliar rápidamente su base de proveedores, dando entrada a proveedores desconocidos, con los cuales no tenían el grado de cooperación y conocimiento mutuo que tenía con sus proveedores habituales. Asimismo, se “relajaron” las políticas establecidas para la homologación de proveedores y componentes. Si tenemos en cuenta que un 70% (aproximadamente) de un automóvil proviene de componentes comprados externamente, y que actualmente los automóviles son productos cada vez más sofisticados (“ordenadores sobre ruedas”, los han llamado), el resultado parece previsible.

Esta historia me genera las siguientes reflexiones que quisiera compartir:

·        Valores como la calidad, la seguridad, la reputación empresarial, la imagen de marca,… son atributos que cuesta mucho esfuerzo construir, pero que pueden resultar seriamente dañadas en cualquier momento. NUNCA se debe bajar la guardia.
 
·        Si los proveedores son un factor relevante en nuestro producto/servicio, la política respecto a ellos debe cuidarse mucho. Es necesario tender hacia la asociación o la alianza. No olvidar que en el triángulo calidad/precio/servicio, la calidad es siempre lo primero.
 
·        NINGUNA organización, por excelente que haya llegado a ser, está inmune a cometer errores estratégicos. Incluso las empresas excelentes deberían ser más autocríticas, ya que al alcanzar un alto grado de excelencia pueden caer en la tentación de creerse invulnerables. La excelencia es una lucha de cada día.